En mis lejanos tiempos de infancia, y no por esto olvidados, la crianza no era como en la actualidad. Los niños al nacer, se le ponía toda clase de pañales de lienzo y amantados, no dejaban de sudar para que no se enfriasen. Hoy a base de celulosa, se crian mejor, pero hay que comprar pañales. La niñez no era muy agradable, porque aparte de tener que aprender muchas cosas, todas útiles, había que ser dócil y obediente, y tener respeto a los mayores,es decir, estar callado, por no poder hablar si no te preguntaban, cuando los mayores hablaban.
Mi primera infancia la pasé en la Ciudad Vieja de La Coruña (Herrerias, atrio de Santa María, campo de La Estrada, Plaza de la Harina,jardín de San Carlos), y sobre todo en el verano (pescar en la Darsena a las cangrejas y a los panchitos) y a los pulpos, con un gancho en el Parrote,donde estaba la carcel antigua (hoy La Solana) y algo más adelante, un poco más crecido yo, ir a las almejas, las nécoras y centollas en la playa pequeña del Parrote, y cuando hicieron el carrero del Castillo de San Antón, a las barbadas en las " tocas" que hacían las piedras de las defensas rompeolas, a ambos lados del carrero, donde tambien se dabanb los camarones.
Recuerdo el susto que nos llevamos un lubrigante y yo, al encontrarme con él cuando iba a mirar las "varetas", que tenía metidas en los huecos de las piedras, en la que tenía armados unos anzuelos para las barbadas. El "engado" para ellas eran erizos machacados, y cuando me acerqué para ver las varetas con los anzuelos, estaba comiendo el engado un lubrigante, que tenía un tamaño respetable y que yo nunca había visto con las antenas levantadas que imponia nada más verlo. El lubrigante también, se echó para atrás en el agujero y no lo volví a ver más. Creo firmemente que él tuvo tanto o más susto que yo. Los baños en el mar en los meses del verano, eran continuados en la playa del Parrote, y cuando la vigilancia de la Guardia municipal era muy severa, ibamos los chavales a la playa pequeña, a la puerta de San Miguel, o mas a la parte de las rocas frente a la peña de las Ánimas, donde se empezaba lo que dábamos en llamar "la Vuelta al Mundo", donde empezaba el salto de la muerte. Sabido es que no llevabamos traje de baño y que nos tirabamos en el agua del mar, a comodidad, cuando apetecía, refrescando del calor agobiante que era más fuerte cuando eres pequeño, y no cargabamos con toalla ni traje de baño. Nos secabamos al sol, sentados en la arena o en las piedras o peñas que habia cerca de las murallas. En la playa pequeña del Parrote, cuando el carrero estaba construido, había que tener cuidado con la guardia del Castillo de San Antón. Era facil darse cuenta, pues nos echaban fuera, cuando el comandante tenía visita de compromiso y tenía que evitar tanto desnudismo de la playa. Nosotros los veiamos salir desde el castillo y dejabamos la playa, para perdernos entre las piedras, o peñas más hacia las peñas de las ánimas y el parque de la Maestranza donde tambien era zona militar. De esto hablaremos en mi siguiente entrada.
miércoles, 12 de noviembre de 2008
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